miércoles, 9 de febrero de 2011

TONI D'GUIA SERRA - APUESTAS ILEGALES


APUESTAS ILEGALES



–Ya es la hora –me avisa mi compañero.
–Lo sé, ya estoy listo –respondo. Ambos salimos juntos del pequeño cuchitril que compartimos, y al que con el tiempo hemos acabado llamando hogar. El trabajo nos espera.
El humo, el ruido y el olor a muchedumbre llenan el local. Universitarios, camioneros, albañiles, funcionarios, macarrillas... Todos buscan lo mismo: un subidón de adrenalina que les quite de encima la monotonía de la jornada. No es mi caso, claro. Descanso de día y trabajo de noche, así son las cosas cuando te ganas la vida en el mundo de las apuestas ilegales.
    Las voces se apagan por unos instantes y empieza el espectáculo. Soy el primero en reaccionar y golpeo la cara de mi compañero con violencia, hoy no seré el primero en caer. Como siempre se levanta y volvemos a empezar. Ambos nos sacudimos con fuerza, ambos caemos rodando. La gente grita, suda, se desespera o estalla en vítores. Una chica me lanza un beso para darme suerte. A su lado, un hombre colosal apuesta varios fajos de billetes mientras chupa, nervioso, un palillo redondo. El dinero corre de mano en mano y el alcohol exalta los ánimos, pero nosotros nos mantenemos ajenos a todo, concentrados en nuestro juego.  Llega un momento en que pierdo la cuenta. Desorientado, ya no sé cuántas veces le he golpeado ni cuántas  he sido yo el abofeteado. Sin embargo, debo seguir.
Poco a poco la gente se va marchando. Los que lo han perdido todo se preguntan cómo se lo contarán a su esposa, y aquellos que han ganado imaginan los regalos con que colmarán a sus amantes.
    Volvemos juntos a casa. Ninguno de los dos habla de lo que ha pasado, nunca hay recriminaciones. El trabajo es una cosa y otra la vida personal. Sin embargo, sé que estamos pensando en lo mismo, preparándonos mentalmente para la próxima vez.

     ¿Quién dijo que era fácil ser un dado?




Toni d’Eguia

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