sábado, 2 de abril de 2011

ROSA MONTALBÁN


LÍNEA 303




Línea  trescientos tres, hora punta. Una  adolescente  habla con tanta intensidad, que es inevitable que el resto de los  pasajeros estén  al corriente  de su conversación. Su tono de voz dulce y su rostro sonriente  no coinciden en absoluto con sus palabras.
–¿Cómo te ha ido  el examen de mates? ¿Todas bien? ¡O sea un diez! No me caes bien ya.  Que no. Que no. De  hecho, nunca me has caído bien.
–¿A mí? Pues no me ha ido tan bien como a ti. ¡Creo que llego al aprobado rascado! Contesta con  poco entusiasmo y  cara de desconsuelo.
–¡Pero, tú qué te has creído!  ¡Te cuelgo eh! Eres un empollón de pacotilla. Te tocas los huevos hasta  el último momento. Nunca te veo estudiar más que un día antes de los controles.
–¿Qué  eres el mejor?  Mira que eres cabronazo. ¡Joder! ¡Yo tengo que esforzarme un montón para sacar un triste seis! Me paso las tardes en la “biblio”  y  tú solo apareces para sacar una “peli” o un ”CD”. –¡Qué  rabia, por Dios! 
–¿Pues sabes qué? ¡Voy a acabar triunfando en la vida porque me esfuerzo! ¡Y  tú ! ¡Tú acabarás siendo un parásito de la sociedad! ¡No destacarás  jamás en nada  y vivirás  una vida mediocre!
–Luego ya seguimos. Ahora sí que no te hablo más, –fingiendo una voz seria y rotunda para terminar como en un  fundido susurro:
  –Te quiero.






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