jueves, 17 de marzo de 2011

DAVID MARQUÉS


RARA AVIS



“Ya lo tenemos aquí”, pienso con sarcasmo al verlo aparecer, “a ver en qué plan viene,  que este cambia como un camaleón”. Entro en la habitación y allí estamos los dos, uno frente al otro, nos quedamos largo rato en silencio, meditando. “Qué tipo tan insoportable cuando se lo propone. Tan flemático, como si todo le resbalase y luego todo le afecta”. Se nos escapa una leve sonrisa a ambos, como si supiéramos lo que está pensando el otro. Sigo imbuido en mis reflexiones durante lo que me parece una eternidad; y mientras tanto, pienso: “te crees que eres alguien especial, una rara avis que planea solitaria por el mundo, cuando la realidad es que estás solo y que te morirías por tener gente a tu lado que te quisiera y te apreciase; una chica, amigos, qué sé yo, pero eres demasiado altivo para reconocerlo. Prefieres representar toda tu vida ese papel de antisocial inadaptado antes que suplicar un poco de ayuda ¿no es cierto?”
Una sombra de tristeza asoma por su cara, me siento culpable por pensar así, la vida  ha sido difícil para mi interlocutor, demasiada soledad y muchos desengaños para ser tan joven. ¿Qué le pasa?, esto es la vida, no ha perdido nada irrecuperable y  hay tiempo de sobra para reponerse.
–¿Te crees que las cosas vienen solas? ¿A qué esperas para reaccionar?, hay un montón de gente por las calles, un montón de mujeres, de actividades, queda tanto por hacer, pero has de olvidar esa pose de sobrado y ser tu mismo.
Asiento levemente con la cabeza y él imita el gesto con cortesía. De pronto pienso: “qué narices estoy haciendo aquí, si no hay manera de ayudar a este cabezota”. Volvemos a mirarnos, no hay nada más que hablar por el momento. “Ya te pillaré”,  me digo. Me aparto de delante del espejo y bajo a cenar. La sopa de mamá huele de maravilla.




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